Hace unas semanas saltaba el escándalo: en los canales de YouTube de extremistas aparecían anuncios del periódico The Guardian. Esto era un problema ya que, por un lado, estaban aportando ingresos por publicidad a estos perfiles de manera indirecta y, por otro, no querían que se asociara su empresa con ese tipo de contenidos. “Sabíamos que al día siguiente nuestra marca, que es fundamental para nosotros, aparecería en la portada del Times por la razón equivocada”, dijo el Jefe de Ventas del Guardian News & Media en una entrevista concedida al The New York Times.

Sin embargo, Google no daba herramientas para evitar que esto pasara, por lo que decidieron dejar de invertir, a lo que se sumaron otros grandes anunciantes (como Coca-Cola o Walmart) y agencias que, como Havas, declararon que sus clientes no iban a seguir como anunciantes. Se convertía, así, en un boicot a YouTube.

Google - YouTube

Google, al ver lo que estaba pasando, tuvo que entrar en acción para evitar que se fueran, así que anunció que iba a darles más control sobre el lugar en donde aparecen sus anuncios.

A pesar de que algún experto había estimado que este boicot contra YouTube costaría a Google 750 millones de dólares, lo cierto es que han aumentado sus ingresos en un 22%. Aunque no está tan claro que este boicot se haya llevado a cabo plenamente, lo que sí es cierto es que ha afectado a la seguridad de las marcas y a la confianza del consumidor.

En una encuesta realizada por BI Intelligence sobre la confianza digital de los consumidores, solo el 4% de los encuestados respondieron que sentían que YouTube era una plataforma segura (tanto para subir contenidos como para consumirlos), superado incluso por Twitter, donde abundan bulos y trolls.

YouTube y anunciantes

No obstante, esto no ha hecho que cambie el uso de esta plataforma para el usuario de a pie, el cual sigue consumiendo los vídeos en YouTube, pese a que sus anuncios sean los más molestos para los millenials, por detrás de los de Facebook.

YouTube y Facebook

Esto nos hace pensar dos cosas.

La primera, que por mucho que las empresas busquen conversiones a base de clicks en YouTube, está claro que la base no es esta, si no el alcance. Los usuarios ven los vídeos en la plataforma de YouTube, pero los comparten en la red social de Mark Zuckerberg. De ahí que tenga más sentido invertir en conversión en Facebook y hacerlo en YouTube si lo que queremos es llegar a más personas.

Y la segunda: queda en entredicho la publicidad programática, es decir, el comprar en masa espacios de publicidad, ya que al dejar que un algoritmo elija dónde se publica puede hacer que los anuncios salgan en espacios donde a la marca no le gustaría aparecer, como ha pasado con el diario The Guardian.