Sí, como en aquella pegajosa canción de Carlos Baute que nos a(tormentó)compañó hace un par de veranos. Ah, la reputación on-line… cuántos y cuántos estudios hemos leído sobre la creciente importancia que el usuario da a las opiniones de sus vecinos digitales. El caso es que vecinos digitales lo acabamos siendo todos y, lo sepamos o no, acabamos influyendo en las elecciones de los otros. Es decir, todos, en un entorno en donde toda opinión vertida puede ser alcanzada por casi todos, tenemos una responsabilidad sobre aquello que decimos mayor que cuando lo decimos en un entorno offline precisamente porque su repercusión, depende de quién seas, claro, será más importante por eso mismo: porque puede ser leída por muchísimos y, además, perdura en el tiempo.

Nos lo confirma el último informe Navegantes en la red de la AIMC cuando pregunta si durante el último año hemos tomado alguna decisión de compra orientada o motivada por contenidos on-line y el 75’3% de respuestas son positivas. Somos influyentes en acto o en potencia. Debemos por esto ser responsables.

Me refiero a que seamos menos españoles en lo que a esto respecta. Somos una cultura (nos guste o no) bastante dada a señalar los errores de los demás y a recrearnos en ellos. Somos así, ¡qué le vamos a hacer! Es nuestro humor, siempre tan cabroncete. Nos lo ha venido a confirmar Twitter, paraíso de la ironía y la acidez que tantos trending topics y comentarios albergó, alberga y albergará originados por nuestra visión sobre las cosas: que si Pilar Rubio tropieza, que si Vicente Vallés se atraganta… Y no se queda sólo en personajes famosos: el camarero de Starbucks ha escrito mi nombre con falta de ortografía juasjuas!, en este VIPS me han traído Coca Cola normal y yo la pedí Light, Desigual hace ropa para ciegos y un larguísimo etcétera.

Nos quedamos con lo malo. No nos culpo, lo llevamos en nuestro ADN y no está mal, pero en un entorno on-line puede ser más dañino que una simple broma. Con esto no digo que no debamos quejarnos cuando algo esté mal, pero para ser honestos deberíamos señalar cuando algo está bien.

Las empresas nos lo tratan de poner fácil enviando cuestionarios sobre satisfacción. Tengo el recuerdo de la tienda virtual PC Componentes, que hasta daba el incentivo de participar en un sorteo si publicabas tu opinión (fuese la que fuese) en Ciao. Pero también podemos hacer algo tan fácil como twittear lo poco que ha tardado en traerte tu pedido tal servicio de mensajería o lo bien que te han atendido en el Dunkin’ Donuts.

Una queja puede ser una anécdota dentro de un historial de buen servicio de una compañía, pero puede ser muy dañina si ésta es lo que sale en la primera página de Google y nadie se ha encargado de decir lo bien que lo hace la compañía el 99% de las veces. ¡No sería justo! Por eso, tratemos de no acudir sólo a las páginas de comentarios sobre el producto de Amazon, a Ciao, a los foros o, más fácil todavía, al perfil de la compañía en Facebook cuando algo ha salido mal. ¿No nos quejamos siempre de que los periódicos y telediarios siempre nos traen malas noticias? Pues no seamos los mismos pájaros de mal agüero y difundamos también los positivo que nos pasa.

En Internet tenemos más repercusión de la que nos creemos.

Patri Tezanos – @PatriTezanos

1 Comments

  1. Pingback: Mi reputación está colgando en tus manos | 2conleche | Scoop.it

Comments are closed.